
El Gobierno de Javier Milei enfrenta un problema cada vez más difícil de disimular: mientras el Banco Central acumula compras de divisas, el Tesoro se queda sin dólares para afrontar los próximos vencimientos de deuda. Según un informe de la consultora 1816, al 5 de octubre los depósitos en moneda extranjera del Tesoro en el BCRA habían caído a apenas USD 1.177 millones, una cifra que vuelve a poner en discusión la capacidad del equipo económico para cumplir sus compromisos sin recurrir al Fondo Monetario Internacional.
El dato adquiere mayor relevancia porque el Gobierno espera recibir un nuevo desembolso del FMI por aproximadamente USD 865 millones, pero deberá afrontar un pago de magnitud similar el próximo 1 de noviembre. En otras palabras, los dólares que ingresen desde Washington podrían salir prácticamente de inmediato para cancelar obligaciones con el propio organismo.
En su último informe, 1816 advierte incluso sobre la posibilidad de que ambos movimientos terminen compensándose contablemente. De concretarse ese escenario, el desembolso no representaría una mejora significativa de la liquidez disponible para el Tesoro. El Gobierno cumpliría con el vencimiento, pero seguiría enfrentando las mismas dificultades para conseguir divisas destinadas al resto de sus compromisos.
La situación expone una de las principales debilidades del programa financiero de Luis Caputo. A pesar de la estabilidad cambiaria de las últimas semanas y de las compras del Banco Central, el Tesoro todavía no logró reconstruir una posición de dólares suficientemente sólida como para despejar las dudas sobre su capacidad de pago.
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El problema es que tampoco encuentra una salida sencilla en los mercados internacionales. Según los cálculos de 1816, el bono AO29 ofrece actualmente un rendimiento del 11,8%, unos 325 puntos básicos por encima del costo al que había conseguido financiamiento en su última colocación. Esa diferencia refleja el deterioro de las condiciones de acceso al crédito y obliga al Gobierno a evaluar si está dispuesto a convalidar tasas considerablemente más elevadas para conseguir nuevos dólares.
La dificultad para recuperar el acceso al crédito aparece en un momento particularmente delicado para el calendario de vencimientos. Durante 2027, la Argentina deberá afrontar compromisos por aproximadamente USD 6.000 millones con el FMI y más de USD 13.000 millones con acreedores privados. Se trata de obligaciones que superan ampliamente los recursos que hoy mantiene depositados el Tesoro y que obligarán al equipo económico a buscar nuevas fuentes de financiamiento.
Una parte importante de esos compromisos deberá refinanciarse si el Gobierno pretende evitar una reducción significativa de sus disponibilidades. Pero conseguir nuevos préstamos a las tasas actuales implicaría trasladar el problema hacia adelante. Con rendimientos cercanos al 12%, la emisión de deuda permitiría obtener dólares en el corto plazo, aunque a costa de incrementar los intereses que deberá pagar el Estado durante los próximos años.
La situación contrasta con las expectativas de normalización financiera que había generado el equipo económico. El superávit fiscal, la estabilidad del tipo de cambio y el cumplimiento de los compromisos con los acreedores todavía no alcanzaron para recuperar condiciones de financiamiento comparables con las de otros países latinoamericanos. El mercado sigue exigiendo una prima elevada para asumir riesgo argentino, incluso después de las mejoras de calificación crediticia que habían alimentado expectativas de una reducción sostenida de los rendimientos.
A las dificultades locales se agrega un contexto internacional menos favorable. Los bonos del Tesoro estadounidense a diez años llegaron a rendir alrededor del 5,3%, en medio de las expectativas de nuevas subas de tasas por parte de la Reserva Federal. Este escenario encarece el crédito para los países emergentes y reduce el margen de maniobra de economías que, como la Argentina, necesitan refinanciar importantes compromisos en moneda extranjera.
El problema es especialmente sensible porque el Gobierno enfrenta necesidades financieras de distinta naturaleza. Los vencimientos con el FMI requieren dólares y tienen un calendario establecido, mientras que las obligaciones con acreedores privados podrían renovarse mediante nuevas colocaciones de bonos. Sin embargo, esa segunda alternativa depende de que los inversores estén dispuestos a financiar al país en condiciones que el Ministerio de Economía considere aceptables.
La estrategia oficial apuesta a que la estabilidad macroeconómica termine reduciendo el riesgo país y habilite una vuelta al financiamiento internacional. Sin embargo, los rendimientos actuales muestran que los inversores todavía no convalidan plenamente ese escenario. El tiempo juega en contra: mientras el Gobierno espera una mejora de las condiciones financieras, los vencimientos se acercan y la disponibilidad de divisas del Tesoro continúa siendo limitada.
Con apenas USD 1.177 millones depositados en el Banco Central, un desembolso del FMI que podría consumirse casi por completo en el siguiente pago y tasas de financiamiento cercanas al 12%, el programa económico vuelve a quedar condicionado por la disponibilidad de dólares. Caputo logró administrar los vencimientos de deuda en pesos, pero el desafío de conseguir divisas para afrontar los compromisos externos sigue sin una solución definitiva.
