Durante las últimas dos décadas, China dejó de ser un actor emergente para convertirse en el eje silencioso —y a veces incómodo— del comercio mundial. En ese tablero de poder en permanente reconfiguración, América ocupa un lugar estratégico: proveedora de materias primas, socia comercial creciente, pero también territorio de disputa diplomática y económica. La relación entre el gigante asiático y los países del continente no se limita al intercambio de bienes: expresa modelos de desarrollo en tensión, dependencias estructurales y una redefinición del equilibrio global.
Desde la soja brasileña hasta el cobre chileno, desde el petróleo ecuatoriano hasta la carne uruguaya, el mapa exportador latinoamericano hacia China revela una matriz primarizada que se profundiza año tras año. Al mismo tiempo, el avance de los productos manufacturados chinos sobre los mercados internos de la región consolida una balanza comercial que, en la mayoría de los casos, se inclina con claridad a favor de Beijing. América vende naturaleza; China vende industria, tecnología e infraestructura.
Pero este vínculo no es solo económico. Está atravesado por una cuidadosa estrategia diplomática del Partido Comunista Chino, que combina comercio, financiamiento y acuerdos de cooperación con un objetivo geopolítico explícito: aislar a Taiwán y afirmar su liderazgo global sin necesidad de compartir los valores democráticos occidentales. En ese juego de largo plazo, América Latina, el Caribe y también América del Norte forman parte de una arquitectura de poder que trasciende lo comercial.
Este informe analiza, con datos duros y enfoque regional, cómo se estructuran hoy las exportaciones de América hacia la República Popular China, qué países dependen en mayor medida de ese vínculo, cuáles son los productos clave que sostienen la relación y cómo se inscribe todo este entramado en la evolución de la balanza comercial china y en el nuevo escenario de tensiones con Estados Unidos. Un panorama imprescindible para comprender no solo hacia dónde viajan las exportaciones del continente, sino también hacia dónde se mueve el poder económico del siglo XXI.

