La caída de las ventas y la competencia china provocan un derrumbe productivo en varias plantas automotrices, lo que impacta directo en la industria autopartista, donde advierten que, además, las nuevas inversiones ensamblan piezas importadas y le dan escaso lugar al autopartismo nacional.
Con esa foto, se acelera un proceso de cierres que en las últimas horas se expuso en la autopartista Clapp que, como proveedora de Peugeot-Citroën, no resistió el recorte productivo en la fábrica automotriz de El Palomar y anunció que finalizará en noviembre su actividad en la planta que posee en Jeppener, distrito de Brandsen.
En abril, Clapp ya había despedido a la mitad de su personal, a partir del recorte de un turno de producción en la planta de Stellantis, que fabrica en El Palomar los Peugeot 208 y 2008, a los que proveía de piezas la autopartista de Jeppener.
Seis meses después, el panorama se agravó con la consolidación de la competencia de marcas chinas que empezaron a inundar el mercado a partir de la apertura importadora alentada por el gobierno de Javier Milei.
Con este cierre, pierden sus puestos de trabajo más de 30 operarios y se paraliza una fábrica con 77 años de historia que fue el motor del crecimiento de Jeppener.
En esas instalaciones operó Peugeot-Citroën, que cerró la producción allí durante el macrismo. Antes, entre 1982 y 1998, esa misma planta estuvo controlada por la empresa Sevel, de los Macri.
En el sector advierten que la desaceleración productiva en las plantas automotrices tiene un correlato directo en los proveedores de autopartes que se ven empujados a reducir los volúmenes sin poder aumentar los precios de venta frente la amenaza de ser reemplazados por la opción importada. Entre la espada y la pared.
En efecto, ya es una realidad la decisión de automotrices de reemplazar componentes nacionales por importados. Un caso paradigmático es la nueva generación de la Volkswagen Amarok, que se ensamblará en la planta de Pacheco con autopartes en gran parte provenientes de China.
En ese contexto, varias empresas ya confirmaron cierres o atraviesan situaciones críticas, en un escenario que vuelve a poner en discusión la sustentabilidad de la industria de autopartes en la Argentina.
Ese fue el tiro de gracia para autopartistas como Kromberg & Schubert, que se estableció hace más de 15 años en el país solo para fabricar mazos de cables para la Amarok. Ahí, quedaron sin trabajo más de 200 personas.
La medida también sacude a Pelzer System -que produce alfombras para la Amarok- y provocó el cierre de la firma Irauto que fabricaba techos interiores, impactando sobre 80 trabajadores.
La semana pasada, directivos de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) expusieron en la Comisión de Economía de Diputados, donde advirtieron que no solamente están «ante una caída del nivel de actividad, sino sobre todo ante una pérdida relevante en la participación de inversiones sectoriales».
En ese sentido, señalaron que varias de las inversiones recientes «son para producir bajo un esquema de CKDización», en referencia a un ensamblaje casi total con piezas importadas (CKD), que lleva a una bajísima participación del autopartismo radicado en el país.
En un contexto inédito de tensión diplomática con Brasil, en la AFAC consideraron «fundamental» poder contar con un nuevo Acuerdo Automotor con el vecino país que contemple una ley específica de inversiones productivas en la cadena de valor.
A la par, apuntaron contra «el perjuicio generado por impuestos como los Ingresos Brutos, que castigan a las cadenas productivas con su efecto cascada, mientras que no alcanza a las autopartes importadas».
