
El dato sobresale por escala y por timing: Pluspetrol presentó una solicitud de adhesión al RIGI para invertir US$ 12.000 millones. Es uno de esos mojones luminosos que unen el presente con el futuro, y que marca la siguiente etapa del shale argentino: proyectos grandes que buscan abrirse paso ante los interrogantes que se desprenden de la inestabilidad global en la cadena de abastecimiento.
La compañía plantea unos 600 pozos, con un plan de expansión a 25 años en su bloque Bajo del Choique-La Invernada. Apunta a los 100 mil barriles diarios. Es la era del crudo no convencional, que pone a prueba las ampliaciones del transporte de la Cuenca Neuquina, a la espera de una fecha clave: a fin de año entra en marcha el VMOS, el oleoducto exportador.
Esa traza entre Añelo y Punta Colorada ya supera el 60% de avance de obra. Su puesta en marcha, muy posiblemente, permita aprovechar un nuevo ciclo de precios altos. O al menos más altos de lo esperado en el comienzo del 2026.
Los 100 dólares de la cotización de este fin de semana para el barril de Brent son lo opuesto a las proyecciones con las que la industria hizo cuentas y Neuquén elaboró su presupuesto vigente. Se trata de los 60 dólares que iban a caracterizar el actual período. En un cálculo un tanto conservador, las mismas cuentas ahora tienen como parámetro un piso de un barril a 80 dólares, producto de la crisis en Medio Oriente y su reguero de restricciones al transporte y afectación de infraestructura de gas, petróleo y derivados.
La geología y el proceso de avance en los principales campos productores asoman con ventajas competitivas. Entran en juego los acuerdos por sostener: financiamiento y capacidad institucional para no propiciar un cuadro indeseado. Después de todo, Argentina atraviesa un momento bisagra desde su matriz energética.
Brasil y el puente hacia el GNL
Otro movimiento significativo de la semana funciona como anticipo y posicionamiento: el Gasoducto del Mercosur sumó una exportación. Podría ser una suerte de ruta previa al gran salto desde los bloques que marcarán el crecimiento que impulse el gas.
El GNL de la Cuenca Neuquina tiene fecha de arranque. Es a finales de 2027, con el plan de Southern Energy. En tanto, el gigante sudamericano y su mirada estratégica no saben de ideología. Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Da Silva pusieron y ponen la mirada en el shale gas. El complejo industrial paulista es un destino posible. El debate es saber si se llega por gasoducto o si el GNL marcará los mayores envíos al vecino país.
El suministro neuquino podría consolidar hábitos comerciales en la región: contratos, logística, confianza operativa y capacidad de respuesta. En ese mapa, Brasil aparece como un destino natural para la gran transición exportadora. Con mercados regionales, el shale puede ganar en volumen y seguir posicionándose. De todos modos, el grueso de la industria apunta al “premio mayor”: la oportunidad histórica del GNL. Una cosa no quita la otra: en paralelo, el vecino sudamericano profundiza la expansión de nodos de regasificación.
En el plano político local, sobresalen dos temas. La paz social es un latiguillo con visos de realidad indiscutible. Es parte del escenario a mostrar. Al menos en el comienzo del año, un arranque a todo vapor en los pozos no convencionales que va de la mano con acuerdos sindicales.
Un capítulo nuevo en ese sentido: los petroleros cerraron la paritaria del ciclo 2025-2026 con una suba del 8,6%. Fuentes empresarias y sindicales aseguran que ya empieza a discutirse la del próximo año.
El otro movimiento vino desde la administración provincial. El gobernador Rolando Figueroa volvió a poner en escena una reducción de la deuda provincial. Sostuvo que ya la bajó un 43%, en medio de referencias a la “deuda heredada”, que no es otra que la de Omar Gutiérrez y su antecesor Jorge Sapag. El monto de 1257 millones de dólares en el comienzo de la actual gestión provincial a 717 millones.
Es un dato de las finanzas públicas con lectura política. El oficialismo instala una narrativa de gestión: ordenar lo que recibió y gestionar la presión de la demanda social creciente administrando el impacto de la renta petrolera.
El desarrollo no convencional es un motor, pero también esa tierra prometida para miles de argentinos. Y esto también volverá a ser parte de los debates de campaña y los desafíos político y electorales por venir.
