La guerra en Medio Oriente, que cambiara el escenario económico mundial   

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El ataque combinado de EE.UU. e Israel a la República Islámica de Irán el 28 de febrero pasado dio inicio a una guerra asimétrica, el poderío militar de Estados Unidos y los antecedentes de Israel de enfrentamientos armados en varios frentes simultáneamente, presagiaba un final en el corto plazo y un triunfo abrumador para norteamericanos e israelíes.

La premisa básica entre los funcionarios del Departamento de Estado en Washington y el círculo más cercano al primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, era que, la eliminación física (muerte) de la dirigencia religiosa y militar del régimen teocrático iraní, era un paso inicial para que alta proporción de la ciudadanía impulsara un cambio de gobierno, escenario que impulsaba la agencia de inteligencia nacional de Israel (MOSSAD), que no se concretó.

Definidos los objetivos militares y políticos, el bombardeo selectivo de las fuerzas americanas-israelíes resulto en la muerte del líder religioso Alí Khamenei y de altas jerarquías de las fuerzas armadas de Irán. La respuesta del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) fue inmediato, el accionar operativo y logístico no pareció ser el comportamiento de una estructura con ausencias de mandos superiores. Es claro que la dirigencia religiosa-política y militar de Irán diseño una red de mandos intermedios con protocolos específicos para enfrentar escenarios de virtual supresión de liderazgos específicos.

La República Islámica de Irán, en términos bélicos diseño una estrategia de resistencia, con el objetivo de obligar a EE.UU. e Israel al uso excesivo de sus armamentos. Pero la nación persa no solo se focalizo en la acción militar, también implemento operaciones con impacto en el contexto económico mundial que generaron un paulatino deterioro en el mercado energético principalmente. El cierre y posterior apertura selectiva del Estrecho de Ormuz (autorización de paso a barcos de naciones con una postura evidente de rechazo al accionar de los países agresores) elevo el precio del barril de petróleo, que promediaba los USD 70 en los inicios del conflicto, actualmente supera los USD 100.

El efecto económico con mayor incidencia en la población a nivel mundial es un incremento de la inflación global resultado de subas en combustibles y gas natural que determino el racionamiento del suministro de naftas y gasoil, prioritariamente en países no productores e interrupciones en las cadenas de suministros de servicios y alimentos. La guerra en medio oriente no parece tener fecha de cierre, Irán no solo asimilo el golpe inicial, expone capacidad para sobrellevar no solo el enfrentamiento militar, sino también en el escenario económico y comunicacional. 

Con el paso de los días y sin un resultado militar categórico el presidente de EE.UU., Donald Trump es receptor de una constante presión del mercado energético y financiero, porque la incertidumbre dinamita las perspectivas y sin evidencias concretas de los éxitos prometidos, la desconfianza de los inversores se acrecienta y arrincona al gobierno norteamericano. La destrucción de refinerías petroleras y de gas en el Golfo Pérsico (Irán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) origina casi la certeza que de no terminar el conflicto la economía mundial deberá reconfigurarse.

Es necesario destacar que un primer indicio de los problemas futuros son los incrementos de costos para las siembras próximas, los agricultores deben evaluar si comprar o no fertilizantes que registran picos de precios. El fertilizante sintético de nitrógeno se produce en su mayoría utilizando gas natural, la interrupción de los envíos de gas desde Medio Oriente está afectando la producción, por lo tanto, una disponibilidad global más ajustada de nitrógeno, potencialmente puede afectar rendimientos de cultivos en los próximos meses.

La crisis de la economía mundial, se asocia a una fragilidad geoeconómica, que se profundizara como resultado de la duración del conflicto en el tiempo. La primera evidencia fue el impacto en el petróleo, el gas, el transporte marítimo y la aviación; una siguiente etapa es la inflación, los costos industriales y la seguridad alimentaria; las rutas comerciales, las decisiones de inversión y la estabilidad política, será el último segmento de los problemas a enfrentar.

Un eventual retiro o reducción sensible de las fuerzas norteamericanas en la zona del conflicto obligara a diseñar un nuevo esquema mundial del comercio y su impacto en la economía mundial dejara perdedores y ganadores. Los países sin petróleo y minerales estratégicos, con capacidad manufacturera exportadora a partir de energía barata, verán disminuir sensiblemente sus opciones de crecimiento. Potencialmente distinto será para las naciones que contabilizan yacimientos de petróleo y gas, explotación de minerales y reservas de agua dulce (por ejemplo, Sudamérica). 

La continuidad de la guerra EE.UU./Israel e Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz (cuello de botella por donde pasa el 20% del comercio mundial de petróleo) perjudica sustancialmente a la industria manufacturera mundial que ha provocado un recorte en la producción y un escenario de precios altos y aumento del desempleo.

Situación de Argentina

Un primer análisis destaca que Argentina no queda al margen de las implicancias del shock petrolero. El desarrollo de Vaca Muerta (petróleo no convencional) en 2025 posibilito registrar un superávit energético de USD 7.800 millones, no obstante, la duración del conflicto en Medio Oriente, es la bisagra que podría diluir cualquier opción de mejora en las proyecciones argentinas.

Sin una resolución rápida de la guerra, el nivel de incertidumbre mundial golpea vía un alto nivel de prima de riesgo global, que imposibilitaría un eventual regreso de Argentina al mercado internacional de deuda.  

Argentina seguramente mejorara su perfil de exportador energético que beneficiara a las empresas privadas involucradas, a la nación por derechos de exportación y a las provincias por regalías, del otro lado de la moneda mayor inflación (las estaciones de servicio registran incrementos sucesivos en naftas y gasoil en los últimos días) que deriva en mayores costos internos, son los potenciales efectos negativos.   

La reciente resolución de la Corte de Apelaciones de Nueva York en el caso de expropiación de YPF, le otorga al gobierno argentino y a las autoridades de la petrolera nacional un margen de acción más amplio para elaborar una estrategia que contemple contener o trasladar a los precios minoristas la suba del precio del barril. En ambos casos habrá consecuencias, ralentizar el nivel de inversión en Vaca Muerta en el primer caso o inflación en el segundo. En un mundo desestabilizado por la imprevisibilidad, Argentina debe exponer un comportamiento fiable y racional, su condición de productor energético y de alimentos le otorga especial relevancia, en un futuro escenario económico mundial caracterizado por nuevas reglas de juego.

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