El peso argentino fue la moneda del mundo que más de debilito en el último año. Entre junio de 2025 y junio de 2026 perdió 18,9% frente al dólar y fue la moneda de peor desempeño entre las relevadas por Deutsche Bank.
El dato tiene una particularidad que atraviesa toda la discusión cambiaria argentina: el peso puede depreciarse contra el dólar y, al mismo tiempo, quedar caro en términos reales.
La aparente contradicción es una de las claves del debate cambiario. Ocurre cuando el dólar sube, pero lo hace por debajo de la inflación. En ese caso hacen falta más pesos para comprar un dólar, pero esa divisa compra menos bienes y servicios dentro de la Argentina. Es decir, hay devaluación nominal del peso y, al mismo tiempo, atraso del tipo de cambio real.
Es cierto que una parte importante de la caída se concentró trás el desarme de las Lefis antes de las elecciones legislativas de octubre de 2025. En esos meses creció la búsqueda de cobertura frente a una eventual depreciación y aumentó la presión sobre el dólar. Por eso, el ranking anual muestra una película bastante distinta a la de los últimos meses.
En lo que va de 2026, el peso retrocedió apenas 2,8% frente al dólar y quedó en el puesto 25 entre 31 monedas. Agosto mantuvo esa dinámica. Hasta el 14 de ese mes acumulaba una caída de 0,35% contra el cierre de julio, incluso menor que las registradas por el real brasileño y el rublo ruso.
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Pero cuando se corre todavía más hacia atrás el punto de observación aparece otra Argentina. Desde 2009, el peso perdió alrededor del 99,8% de su valor frente al dólar. Inflación sistémica, saltos cambiarios recurrentes y sucesivas devaluaciones convirtieron a la moneda argentina en una trituradora de valor.
El ranking de Deutsche Bank es apenas la última fotografía de una historia mucho más larga. Ahí aparece la aparente contradicción que domina la discusión económica. Que el peso pierda contra el dólar no significa necesariamente que el dólar se esté encareciendo al mismo ritmo que el resto de los precios argentinos.
La depreciación nominal y el atraso cambiario pueden convivir perfectamente. La clave es la inflación. Cuando los precios internos avanzan más rápido que el tipo de cambio, producir en Argentina se encarece medido en dólares. El dólar puede subir y, aun así, quedar relativamente barato frente al conjunto de precios de la economía.
Es lo que ocurrió durante buena parte del programa económico del Gobierno. Luis Caputo utilizó al tipo de cambio como una de las principales anclas para desacelerar la inflación. Primero con un crawling peg del 2% mensual, luego del 1% y posteriormente con el esquema de bandas. Esto hizo que el economista Gustavo Reija calculara que el efecto competitivo de la devaluación incial de Milei y Caputo ya se consumió y en base a experiencia histórica estaríamos en la puerta de una nueva devaluación.
Gráfico de Gustavo Reija.
La apuesta fue que el dólar corriera por detrás de los precios. El mecanismo ayudó a bajar la inflación, pero dejó abierta la discusión sobre cuánto atraso cambiario acumuló la economía.
El Gobierno rechaza esa lectura. Caputo sostiene que no existe tal atraso cambiario y plantea que la competitividad no debe conseguirse mediante devaluaciones. La apuesta oficial, según explica el ministro, pasa por bajar impuestos, reducir costos, mejorar la logística y avanzar con reformas que permitan a las empresas competir sin recurrir al viejo atajo del salto cambiario.
Del otro lado están economistas, exportadores y sectores productivos que miran otra cuenta. Advierten que, si los costos internos crecen más rápido que el dólar, se achican los márgenes para exportar y aumenta el atractivo de importar.
En ese esquema también se vuelve más difícil que el Banco Central acumule reservas de manera sostenida.
El ranking internacional muestra hasta qué punto el recorrido argentino fue excepcional. La lira turca perdió 14,6% entre junio de 2025 y junio de 2026 y el won surcoreano cayó 12,6%. Ninguna alcanzó el retroceso del peso argentino.
Argentina sigue atrapada en una discusión conocida. El peso fue la moneda que más cayó en la comparación anual, pero el debate local no pasa solamente por cuánto perdió frente al dólar. La pregunta que inquieta al mercado es otra: después de haber usado al tipo de cambio para enfriar los precios, cuánto margen tiene Caputo para mantener el dólar contenido sin que el ancla afecte la dinámica exportadora, el nivel de reservas y la actividad.
%uD83D%uDEA8 EL NÚMERO QUE EL GOBIERNO NO QUIERE QUE MIRES: EL PESO YA SE COMIÓ TODA LA DEVALUACIÓN DE 2023 %uD83D%uDCC9El BCRA publica todos los días un dato que casi nadie muestra en TV: el ITCRM, el termómetro real de la competitividad del peso. Y dice algo incómodo. %uD83C%uDF21%uFE0F%uD83D%uDCCA Agosto 2026: 85,34… pic.twitter.com/azKZKHzh9n
— Gustavo Reija (@gustavoreija) August 17, 2026
