La mayor liquidación del agro y el superávit externo sostienen la oferta de divisas, permiten al Banco Central acumular reservas y mantienen a raya a los dólares financieros, en un contexto de menor presión cambiaria y expectativas de estabilidad en el corto plazo.

Mientras los mercados globales volvieron a moverse con alta volatilidad, condicionados por la incertidumbre en torno al conflicto en Medio Oriente, el dólar mostró una dinámica opuesta y extendió la calma. En una jornada marcada por señales cruzadas —luego de que Donald Trump endureciera su postura frente a Irán y crecieran las especulaciones sobre el futuro del estrecho de Ormuz—, los principales índices de Wall Street lograron cerrar en alza.
En ese contexto internacional inestable, el mercado cambiario local volvió a exhibir una relativa estabilidad y ya cotiza en mínimos de la era Macri, según un informe de Salvador Vitelli (Romano Group). Así, el dólar oficial cerró sin cambios a $1.415 en los bancos, en una rueda en la que el Banco Central compró u$s30 millones.
En la última rueda, el dólar mayorista retrocedió $1 hasta los $1.393, luego de la suba registrada previamente, y se mantiene a una distancia del 19,5% respecto del techo de la banda cambiaria. El volumen operado en el segmento de contado superó los u$s384 millones, reflejando una dinámica fluida.
Entre los tipos de cambio financieros, el MEP cedió 0,3% hasta $1.429,57, mientras que el contado con liquidación avanzó levemente a $1.480,83. En el circuito informal, el dólar blue retrocedió a $1.400.
Por qué sigue bajando el dólar
El escenario actual responde a una combinación de factores que configuran una suerte de “pax cambiaria”. Por un lado, la liquidación de divisas del complejo agroexportador comenzó a acelerarse con el inicio de la cosecha gruesa. Por otro, la economía muestra un superávit comercial que refuerza la oferta de dólares.
Abril marca el ingreso más significativo de divisas genuinas del año, con la soja y el maíz como protagonistas. Este flujo estacional permite al Banco Central intervenir con mayor margen y sostener el esquema de crawling peg sin sobresaltos.
A este impulso se suma un cambio estructural: el aporte positivo del sector energético y de servicios. La menor necesidad de importaciones de energía —impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta— y el crecimiento de las exportaciones basadas en el conocimiento contribuyen a equilibrar la balanza externa.
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El resultado es un mercado con menor presión sobre el tipo de cambio, donde la demanda se mantiene acotada. Inciden en este comportamiento la debilidad de las importaciones y el aumento de los depósitos privados en dólares, que alcanzaron niveles récord cercanos a los u$s38.700 millones.
En este contexto, tanto el dólar MEP como el CCL se mantienen contenidos, sin drivers claros para una suba significativa. De cara a los próximos meses, el mercado espera que las cotizaciones alternativas se muevan dentro de rangos acotados, con una brecha cambiaria en niveles históricamente bajos.

