
La guerra en Medio Oriente ya tiene efectos concretos sobre la economía argentina: suba de combustibles, presión sobre la inflación y encarecimiento de las importaciones de gas natural licuado (GNL), según el último informe de la consultora Economía y Energía, dirigida por el economista Nicolás Arceo.
El estudio identifica tres ejes centrales de impacto: el shock en el mercado internacional de combustibles, las tensiones en el abastecimiento de gas y el efecto de tarifas y energía sobre la inflación.
El primer impacto se observa en el mercado global de petróleo y combustibles. El bloqueo del Estrecho de Ormuz -por donde circula entre el 20% y el 25% del crudo mundial y cerca del 20% del GNL- generó una fuerte disrupción en la oferta.
Como consecuencia, el precio internacional del crudo aumentó un 70% desde el inicio del conflicto, mientras que las exportaciones de petróleo de Medio Oriente cayeron 60%.
A su vez, se registró una caída intermensual del 96% en las exportaciones de GNL de Qatar, principal proveedor global, y una reducción de la producción mundial de unos 9 millones de barriles diarios. Los precios del Brent y el WTI volvieron a niveles similares a los de la guerra en Ucrania en 2022, en torno a 118 y 100 dólares por barril, respectivamente.
El impacto también se trasladó a los combustibles refinados: las naftas alcanzaron valores cercanos a 131 dólares por barril y el gasoil a 170 dólares.
En distintos países, los aumentos fueron significativos: hasta 50% en Filipinas y 46% en Estados Unidos. En Argentina, en cambio, el alza fue más moderada: 18% en naftas y 22% en gasoil, tras un acuerdo interno que fijó un precio de referencia del barril en torno a los 90 dólares.
El segundo eje del informe se centra en el gas natural y las importaciones de GNL. En este contexto de precios internacionales en alza, el Gobierno decidió mantener la gestión en manos de ENARSA y suspender la privatización del negocio.
La guerra encarecerá alrededor de un 30% las importaciones de GNL y gasoil necesarias para el invierno 2026. En abril, el índice europeo TTF —referencia internacional— alcanzó los 17,9 dólares por MMBTU. Aun así, el impacto local sería limitado por el bajo peso relativo del gas importado en la matriz total.
Se estima que el costo de abastecimiento de gas para el invierno será de 5,3 USD/MMBTU (frente a 5,1 del año pasado), mientras que el costo de generación eléctrica ascenderá a 101 USD/MWh, unos 7 dólares más que en 2025.
En términos de abastecimiento, Argentina importó en 2025 unos 3,6 millones de m³ diarios de GNL, destinados principalmente a generación eléctrica. Sin embargo, la distribución futura del gas importado genera incertidumbre, especialmente ante la priorización de industrias y usinas.
El informe también destaca el crecimiento del shale gas, impulsado por la producción asociada al petróleo. En 2025, este segmento aumentó en 7 millones de m³ diarios y ya representa el 31% del total de gas no convencional, con más pozos conectados en 2026 que en años anteriores.
El tercer eje es el impacto en la inflación. En marzo, el índice de precios al consumidor fue del 3,4% mensual, impulsado en gran medida por los precios regulados, que subieron 5,1%. Dentro de este rubro, los servicios de electricidad, gas y combustibles tuvieron incrementos relevantes.
En el primer trimestre del año, las tarifas energéticas acumularon una suba cercana al 20%, más del doble de la inflación general. En conjunto, tarifas y combustibles explicaron alrededor de 2 puntos porcentuales del 9,1% de inflación acumulada en el período.
A nivel mayorista, el impacto también fue significativo: los precios crecieron 3,4% en marzo, más del triple que en febrero, y cerca del 60% de esa suba se explicó por el aumento del petróleo y el gas.
El informe concluye que, si bien Argentina logró amortiguar parcialmente el shock externo, la evolución del conflicto será clave. Si los precios internacionales se estabilizan y se moderan los ajustes tarifarios, la inflación podría desacelerarse en los próximos meses.
Sin embargo, advierte que el escenario global seguirá siendo determinante para los costos energéticos y el equilibrio macroeconómico local.
