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Ahora es oficial: el “affaire Adorni” ya dejó a la vista la fisura interna en el gobierno, donde se hace evidente que hay una facción que considera que el jefe de gabinete está dañando la imagen de toda la gestión y que debería dar un paso al costado.
Hasta ahora, todo había sido trascendidos y charlas de pasillo, pero ahora una dirigente de peso salió a exigirle a Adorni que explique su situación de inmediato para cortar ya mismo la crisis de desconfianza. Es, claro, una forma indirecta de pedirle a Adorni que renuncie a su cargo para no perjudicar al presidente Javier Milei.
Pero es, también, un mensaje para el propio Presidente, en el sentido de que tiene que poner un límite en la defensa acérrima de su jefe de gabinete, porque hay un sector que no quiere ser salpicado por el descrédito de Adorni y quiere seguir sosteniendo el discurso de la moralidad en la gestión pública.
Esa dirigente, la senadora Patricia Bullrich, no es una voz más dentro del gobierno. Es posiblemente la única que tiene un caudal de votos propios y cuenta con una buena imagen ante la opinión pública: en la última encuesta de la consultora Zurban Córdoba, es la oficialista mejor posicionada para la elección presidencial de 2027.
Con un “piso” de intención de voto de 14,3% y un “techo” de 32,4%, supera al propio Milei, que totaliza 31,4%. Es una situación que alienta las versiones sobre movimientos de posicionamiento previo al año electoral.
El Presidente reaccionó rápido tras la intervención de Bullrich, con el objetivo de dar una imagen de unidad. Dijo que lo que había hecho la senadora era “espoilear” lo que va a ocurrir en breve: es decir, la presentación de la declaración patrimonial de Adorni, con una explicación convincente para todos los gastos sospechosos. “No me molestó en lo más mínimo lo que dijo Patricia, es un tema que lo había hablado conmigo antes de que yo viajara”, dijo Milei, pero no terminó de disipar el clima enrarecido que se vive en la interna del gobierno ante el evidente gesto de rebeldía de Bullrich.
Y fue más allá: “El presidente soy yo”, recordó. Y advirtió: “Si a alguno no le gusta lo que decido, se lo tendrá que fumar o irse”.
Gestos sugestivos en plena interna
Y el hecho de que este gesto de diferenciación se produzca una semana después de que Bullrich se haya dado un abrazo con Mauricio Macri en el encuentro de la Fundación Libertad marca un “timing” político muy particular. En ese mismo foro, Milei fue muy crítico de la gestión de Macri, quien se retiró sin saludar al presidente.
La relación entre ambos dirigentes viene tan deteriorada que en los últimos días hasta se llegó a mencionar la posibilidad de que Macri reconsidere una candidatura para el año próximo. Por lo pronto, los analistas dan como cada vez más alta la posibilidad de una candidatura propia del PRO, que quiere marcar su perfil distintivo.
Esas diferencias, que al principio parecían sólo de estilo, ahora empiezan a ser de fondo. Ya en los meses pasados hubo momentos álgidos, como el boicot del propio oficialismo a la iniciativa “ficha limpia” -que prohíbe la postulación a dirigentes que tengan condenas por corrupción-. También hubo un indisimulable enojo en el sector macrista por el apoyo de Milei al juez Ariel Lijo para ocupar una banca en la Corte Suprema de la Nación.
Ahora, tras la saga de acusaciones por corrupción que afectan al círculo íntimo del presidente, incluyendo a la secretaria general, Karina Milei, se ve reforzado ese incentivo en el sector macrista a reunir fuerzas para volver a disputar el poder.
La actitud de Bullrich dejó en claro que dentro del oficialismo hay un sector que está analizando el momento político y que ve con preocupación el rumbo del presidente. Para ese sector, el objetivo principal es impedir que el peronismo regrese al poder, y su estrategia pasa por una diferenciación de imagen: enarbolar un discurso de honestidad en contra de la corrupción con la que quedó asociado el peronismo tras los últimos períodos de gobierno.
Pero se hace difícil mantener el discurso cuando cada intervención de Adorni despierta nuevas sospechas y cuando, para empeorar la situación, la diputada Marcela Pagano -electa por La Libertad Avanza- declara en los medios que tiene pruebas de que el jefe de gabinete es “el cajero de Milei y de Karina”.
Hay, además, una larga lista de ex funcionarios que en su momento fueron defenestrados por Milei y que probablemente estarían gustosos de sumarse a una fuerza de orientación liberal pero que esté despojada de los defectos del presidente.
La ex canciller Diana Mondino, por caso, quien insinuó que Milei no desconocía la estafa que estaba detrás de la criptomoneda Libra. Ex jefes de gabinete que fueron “renunciados” sin mayores explicaciones, como Nicolás Posse y Guillermo Francos.
Y, por cierto, está siempre latente la posibilidad de que asuma un lugar protagónico la vicepresidente Victoria Villarruel, quien pese al relativo bajo perfil que asumió en los últimos meses, mantiene una elevada intención de voto. Con 31,7%, también se ubica por encima de Milei en las encuestas.
Contrariando el discurso de Milei
Bullrich, veterana en el arte de las internas partidarias, supo exponer su rechazo a Adorni sin que ello implicara una crítica explícita a Milei. Más bien al contrario, enfatizó en que ella se empeñaba en la defensa del “proyecto”, y que toda la agenda reformista del gobierno sufre ante cada día que pasa sin que el tema Adorni se aclare de forma definitiva.
Concretamente, lo que Bullrich le exige a Adorni es que adelante su presentación de situación patrimonial, de manera de que la polémica salga de la agenda mediática.
“¿Para qué vas a esperar hasta el 30 de julio si la podés presentar ahora? Una declaración jurada de bienes es algo que, cuando uno tiene la del año anterior, es bastante fácil hacerla. Si él dijo que él tiene todo probado, esa prueba para mí, tiene que ser inmediata”, planteó la ex ministra de defensa, en una frase desafiante que dejó cierta sensación de sospecha sobre la credibilidad de Adorni.
“Nosotros necesitamos no seguir discutiendo sobre esta situación que él dice que la tiene solucionada. Ahora es el momento de la prueba y la prueba, cuanto antes, mejor, porque si no, el Gobierno se empantana”, agregó. Es otra frase fuerte, porque contradice en los hechos el esfuerzo comunicacional del ministro de Economía, Toto Caputo, y del canciller Pablo Quirno por mostrar una relativa normalidad, con avances en la gestión, como los anuncios de inversión en minería o los contactos de Milei con inversores tecnológicos de Estados Unidos.
Pero, sobre todo, lo que ha hecho Bullrich es dejar en evidencia que las acusaciones contra Adorni no son un tema menor, sino que están interfiriendo con la gestión de gobierno. Es la postura exactamente opuesta a la planteada por Milei, quien se empeña en reducir las denuncias a “operaciones de prensa” y a minimizar el impacto sobre la opinión del público y de los inversores.
Una situación no tan diferente a la de Adorni se había vivido el año pasado, con la candidatura del cuestionado José Luis Espert. En ese entonces, también el presidente había apoyado enfáticamente a su candidato en la elección provincial y hablaba sobre operaciones mediáticas para perjudicar las chances electorales del gobierno.
Sin embargo, no tuvo inconveniente en aceptar la “renuncia” del candidato y buscar un sustituto de urgencia cuando vio que corría el riesgo de la derrota electoral. El presidente justificó la decisión con el argumento de que no podía permitir que “una operación maliciosa” pusiera en riesgo el proceso de reformas. Es decir, el mismo argumento con el que antes había apoyado a Espert fue la justificación para sacarlo de la lista.
Fuente: IProfesional
