El escenario económico en Argentina, marcado por el atraso cambiario del dólar, ha reconfigurado las preferencias de inversión. Los bonos en pesos ajustados por inflación, en particular los TX26 y TX28, se destacan como opciones atractivas para los inversores. A pesar de la incertidumbre tras el traspié de la ley ómnibus, estos bonos muestran estabilidad y resistencia en comparación con los bonos soberanos en dólares y acciones, que han experimentado fuertes bajas.
Con un valor técnico de $940 y un valor de mercado alrededor de $1,200, los bonos TX26 y TX28 ofrecen a los inversores un atractivo rendimiento. Aunque se paga una prima por encima del valor técnico, la rápida recuperación gracias a la inflación prevista del 23% en enero y del 18% en febrero hace que la inversión sea atractiva. Estos bonos amortizan en cuotas semestrales, proporcionando flujos de fondos en pesos actualizados por inflación cada seis meses.
La estrategia del Gobierno liderado por Javier Milei, que busca un tipo de cambio que crezca a un ritmo inferior a la inflación, respalda la inversión en bonos en pesos ajustados por inflación. La brecha entre la inflación y la devaluación proyectada del peso frente al dólar contribuye a la atracción de estos instrumentos.
Además de los bonos TX26 y TX28, otros bonos en pesos más largos, como el DICP con vencimiento en diciembre de 2033, ofrecen rendimientos interesantes. Aunque requieren una mayor duración, proporcionan flujos de fondos significativos a partir de junio de 2024.
En un contexto donde el Congreso ha dejado inquietud entre los inversores, la elección de bonos en pesos ajustados por inflación se presenta como una estrategia sólida. A medida que el gobierno busca equilibrio fiscal y ancla el tipo de cambio, estos bonos ofrecen una opción atractiva para resguardar el valor en el escenario económico actual.
